Cuando viajas en avión, la comida puede ser un tema complicado. No todo lo que ofrecen las aerolíneas es lo mejor para tu cuerpo a miles de pies de altura. Aquí te contamos qué evitar y qué opciones son más inteligentes para tu paladar y tu bienestar.
¿Por qué la comida en el avión sabe diferente?
¿Alguna vez te has preguntado por qué la comida en los vuelos no tiene el mismo sabor que en tierra? Resulta que no es solo la calidad de la comida. A 30 mil pies de altura, la baja presión en la cabina afecta nuestras papilas gustativas. Un estudio en Alemania reveló que la sensibilidad al dulce y al salado puede disminuir entre un 20% y un 30% en el aire. Esto significa que lo que normalmente te encantaría, puede parecerte insípido o diferente en un avión.
Además de la alteración del gusto, las aerolíneas priorizan la seguridad alimentaria por encima de todo. Preparan grandes volúmenes de comida y deben asegurarse de que todo esté en perfectas condiciones para evitar cualquier problema de salud. Esto a veces implica procesos de cocción y recalentamiento que pueden afectar la textura y el sabor de ciertos platos.
Alimentos que es mejor evitar en tu próximo vuelo
Aunque pueda parecer una opción fácil, la pasta no suele ser la mejor elección en un vuelo. Debido a cómo se recalienta, es muy probable que llegue a tus manos demasiado cocida y lejos de estar al dente. Si esperas una textura perfecta, te llevarás una decepción. Además, si la proporción de salsa no es la adecuada, puede resultar en un plato poco apetitoso.
Más allá del sabor, algunos expertos sugieren evitar comidas con muchos carbohidratos pesados, como pastas con salsas cremosas, panes o postres azucarados. Consumir estos alimentos puede hacerte sentir letárgico, de mal humor y sin una sensación real de satisfacción. Tus niveles de azúcar en la sangre pueden subir y bajar rápidamente, afectando tu energía y bienestar general durante el viaje.
Opciones inteligentes para comer en el aire
La mejor estrategia para asegurar una buena comida en tu vuelo es empacar tus propios bocadillos. Es una forma sencilla de controlar lo que comes y evitar los precios elevados de la comida en el aeropuerto o en el avión. Puedes llevar opciones como palomitas de maíz, barras de proteína o frutas enteras, que son fáciles de transportar y te mantendrán satisfecho.
Incluso algunos alimentos que consideramos líquidos, como la mantequilla de maní o el hummus, se venden en tamaños que cumplen con las regulaciones de seguridad para líquidos en los aviones. Esto facilita aún más empacar opciones saludables y variadas para tu viaje. Siempre es bueno revisar las reglas de la TSA sobre líquidos antes de volar para evitar sorpresas.